Querido joven, tu jubilación no será un cuento de hadas

Descubre por qué España debe cinco veces su PIB en pensiones y qué puede hacer la generación joven para no quedarse sin colchón cuando se jubile.

Querido joven, tu jubilación no será un cuento de hadas

Nos dicen que no nos quedaremos sin pensión pública, que estemos tranquilos. Y es verdad: las pensiones “no desaparecerán” gracias a la última reforma, peeero con un pequeño matiz: “se van a reducir en el futuro”

¿Adivinas a costa de quién se sostiene este tinglado? Exacto: de los actuales jóvenes. La propia reforma de 2023 lo admite entre líneas: los jóvenes cotizaran mucho más durante su vida laboral para recibir unas pensiones más bajas que las de sus padres y abuelos.

Suena injusto, ¿verdad? Pues agarremos el café y hablemos claro, porque esto es solo la punta del iceberg.

Cuando tu abuelo cobra más que tú, y es normal

Hoy en España tenemos la curiosa situación de que “muchos jubilados tienen una pensión mayor que el salario que cobran muchos trabajadores jóvenes”, algo que aunque en general hayamos normalizado, “no es lo normal”.

Tu abuelo (o el vecino jubilado) puede que ingrese cada mes más que tú partiéndote el mismo lomo que se partía él durante las mismas +40 horas semanales. ¿Cómo es posible?

Nuestro sistema público ha sido muy generoso con las pensiones actuales. De hecho, el jubilado medio cobra una pensión equivalente al 81% de su último sueldo –solo Grecia nos supera en toda Europa– mientras la media europea ronda apenas el 61%. Con razón mucha gente en España nunca se preocupó de ahorrar por su cuenta para la jubilación: el Estado, aparentemente, se lo tenía resuelto.

Claro, esta generosidad tiene truco y fecha de caducidad. Mantener pensiones tan altas con sueldos relativamente bajos no es sostenible. Por eso los jóvenes de hoy recibirán pensiones más bajas que las que están cobrando sus abuelos. Vamos, que el “estado del bienestar” de nuestros mayores difícilmente se repetirá para la Generación Y o Z.

Ellos disfrutan la fiesta; a nosotros nos toca la resaca.

Ve haciendo estiramientos: jubilarse a los 70 será lo normal

¿Planes para tu 67 cumpleaños? Quizá soplar las velas... en la oficina.

La edad oficial de jubilación ya está subiendo poco a poco hasta los 67 años en 2027, pero los expertos avisan que podría retrasarse hasta los 70 años poco después. Sí, has oído bien: 70 tacos currando. Y no lo dicen cuatro agoreros conspiranoicos, lo dice el sentido común (y Bruselas): si no trabajamos más años, las cuentas no salen.

Por supuesto, nadie te obligará físicamente a seguir en el curro hasta los 70; siempre puedes retirarte antes... con una pensión reducida que dará para pipas. Dicho de otro modo, o estiramos la vida laboral o tendremos que aceptar pensiones mucho más bajas.

Trabajar más y cobrar menos, ese es el trato diabólico al que parece abocado nuestro futuro si no hacemos nada. El panorama es tibio...

La tormenta perfecta: hucha vacía y tsunami demográfico

La famosa “hucha de las pensiones” en España se ha quedado casi vacía, apenas un 0,4% del PIB al cierre de 2023. Nos enfrentamos a un invierno demográfico: muchos jubilados y pocos cotizantes llenando la alcancía.

La OCDE calcula que al Fondo de Reserva de la Seguridad Social le queda un suspiro, solo 0,4% del PIB en 2023 –el nivel más bajo entre 19 países analizados–.

A esto súmale la tormenta demográfica: la generación del baby boom (los nacidos ~1960-75) está comenzando a jubilarse en masa, mientras nacen menos niños que nunca. Resultado: cada vez menos trabajadores por cada pensionista.

Ahora mismo rondamos 2 cotizantes por pensionista, pero en 2050 habrá menos de dos cotizantes trabajando por cada jubilado. Las proyecciones oficiales estiman una ratio de apenas 1,75 trabajadores por pensionista en 2050. Imagina, prácticamente dos empleados pagando la pensión de otro. Misión imposible. España se encamina a ser uno de los países más envejecidos donde el reto socio-económico de las pensiones es más grande.

¿Y qué se puede hacer ante esto? Básicamente hay dos opciones y ninguna es mágica: o subir ingresos (más cotizaciones, impuestos…) o bajar gastos (recortar pensiones). No hay tercera vía milagrosa. Hasta ahora, todos los gobiernos han esquivado el marrón endeudándose o tirando de partidas públicas, pero el margen se agota.

Tarde o temprano, la cruda aritmética demográfica nos pasará factura.

Generación “ya veremos”: viviendo al día y cruzando los dedos

Muchos jóvenes españoles viven el presente con humor e incertidumbre. La mayoría no ahorra para su jubilación –en parte porque bastante tienen con llegar a fin de mes hoy–. La actitud reinante es “ya veremos”, un pensamiento comprensible pero peligroso.

Seamos sinceros: con sueldos mileuristas, alquileres por las nubes y trabajos promedio que rondan la precariedad, pensar en ahorrar para dentro de 30 o 40 años suena a chiste. La juventud española tiene otras prioridades (como sobrevivir al mes corriente). De hecho, un 60% de los menores de 30 aún viven con sus padres porque el sueldo no da y el trabajo es inestable.

Y no olvidemos que el paro juvenil sigue siendo de los más altos de Europa, rondando el 27%. Con ese panorama, es normal que ahorrar para la jubilación quede al final de la lista… si es que aparece en la lista.

Los datos lo confirman: casi la mitad de los millennials españoles (47%) cree que no cobrará pensión pública cuando llegue su hora. Pero paradójicamente esa desconfianza no está traduciéndose en más ahorro privado. Solo un 17% de los millennials ha empezado a ahorrar para su futuro. Y entre los que no ahorran, 6 de cada 10 admiten que “deberían hacerlo” (aunque no lo hacen). ¿La razón? La mayoría de los jóvenes dicen que no ahorran porque ven la jubilación “muy lejana”. Es el síndrome del ya lo haré mañana: sabemos que hay que hacerlo, pero siempre parece haber tiempo… hasta que ya no lo hay.

El problema es que dejarlo para mañana tiene un coste enorme. Cada década de pasividad es una losa para tu yo futuro. Porque el interés compuesto y el tiempo juegan a favor del que empieza pronto. Visto de otra forma: nuestros abuelos no necesitaban ahorrar porque confiaban en la “paguita” del Estado; nosotros no confiamos en la paguita, pero tampoco estamos ahorrando. Estamos, en resumen, en tierra de nadie: sin red pública fiable y sin red privada propia. Y eso, amigos, es muy peligroso.

Si te interesa este debate filosófico sobre el por qué de los jóvenes que no ahorran: el dilema entre vivir el presente y pensar en el futuro, échale un ojo a este post.

Que no panda el cúnico: no todo está perdido, y tu empresa puede ayudar

Llegados a este punto quizás estés pensando: “Vale, el panorama es feo ¿y qué demonios hago yo? ¿salto de un puente hoy o quizá dentro de 40 años mejor?”. Buena noticia: hay soluciones. Mala noticia: requieren actuar. No existe una bala de plata, pero sí un plan alternativo para complementar tu futura pensión pública: el llamado segundo pilar, es decir, los planes de pensiones de empresa. La idea es simple: además del sueldo que cobras hoy, tu empresa y tú aportáis algo a un plan de pensiones para tu yo del futuro. Es como diferir parte del salario para que trabaje para ti en paralelo, sin que suponga un esfuerzo consciente cada mes.

¿Por qué insistimos en esto? Porque está visto que solo con el primer pilar (la pensión pública) mucha gente cobrará calderilla al jubilarse, y no todo el mundo puede permitirse un plan privado individual. En palabras de Isabel Casares, secretaria general de la Organización de Consultores de Pensiones, “vamos a tener una pensión pública para vivir, pero para tener una calidad de vida habrá que complementarla; hay que concienciar a los ciudadanos de hacerlo mediante un plan de pensiones de empresa o uno privado”. O sea, o ahorras algo extra, o asumimos que viviremos nuestra vejez contando céntimos.

Hijo mío, no hay nada peor que llegar a la p*** vejez sin un p*** duro – Mi abuela dando consejos en las comidas familiares

Ahora bien, aquí en España andamos un poco atrasados en esto de los planes de empresa. Apenas un 10% de los trabajadores españoles tiene un plan de pensiones de empleo, comparado con porcentajes del 25% al 90% en otros países europeos. Traducido: 9 de cada 10 trabajadores aquí no tienen ningún complemento de pensión de su empresa. Históricamente no hizo falta (recordemos el 81% de tasa de reemplazo pública, casi como el sueldo completo, que disuadía de complementar), pero ahora sí hace falta y la necesidad aprieta.

El Estado lo sabe y por eso en 2022 aprobó una ley para impulsar los planes de pensiones de empresa. Incluso creó un “macro-fondo público” para fomentar que especialmente pymes y autónomos accedan a estos planes, y en 2024 vimos el primer plan sectorial (construcción) arrancar gracias a esa reforma. Pero seamos honestos: de momento la cosa va lenta.

A pesar de los incentivos fiscales que se han ido ajustando en esta linea (impulsando las desgravaciones e incentivos fiscales de los planes de empresa), aún falta mucha cultura de previsión social en las empresas.

Lo que está claro es que las empresas van a jugar un papel clave. Si los jefes quieren empleados motivados y un futuro sostenible, tendrán que mojarse: ayudar a que sus empleados ahorren para la jubilación como parte del paquete retributivo. Ya se habla de incorporar ese “salario diferido” en los convenios colectivos.

Suena casi utópico en un país acostumbrado a que Papa Estado lo arregle todo al final, pero es la dirección en la que va el mundo (y Bruselas nos empuja también).

Esta es mi historia Patricia...

Nos ha tocado vivir un cambio de paradigma. La pensión pública seguirá ahí, pero no será suficiente por sí sola (lo dicen los datos oficiales, no este humilde tipo que escribe). Toca mover ficha: informarse, promover alternativas de ahorro desde nuestros empleadores, y empezar cuanto antes a construir ese colchón para el futuro. Cuanto más temprano empecemos, más alegrías nos llevaremos cuando tengamos 10 años más, 20 años más, 30 más. Y más tranquilos dormiremos cada noche.